El gluten es el componente principal de la estructura proteica del trigo, el centeno y la cebada.

En las últimas décadas ha aumentado de forma exponencial (en el mundo occidental) la popularidad de las “dietas sin gluten” y se proclama que el eliminar esta proteína de la alimentación mejora la salud, ayuda a perder peso y otros variados beneficios.

La «moda» de su eliminación sistemática como componente dañino está demostrado ser ineficaz excepto como negocio millonario.

Existen – en la actualidad – 3 formas principales de reacción al gluten:

Las dos primeras tienen un diagnóstico claro con pruebas que miden alérgenos y autoinmunidad y en la enfermedad celiaca signos de daño en la mucosa del duodeno. En ambas es esencial eliminar el gluten en la alimentación.

La tercera forma es “nueva”, y no tiene componente ni autoinmune ni alérgico.

No existe tampoco daño en la mucosa del duodeno. Su diagnóstico se basa en la mejoría de los síntomas al eliminar esta proteína de la alimentación.

En la actualidad hay controversia en si realmente es una patología y están en marcha numerosos estudios para hacer un adecuado diagnóstico y poder tratarla adecuadamente.

En un estudio doble ciego realizado en la Universidad de Monash (Australia) en pacientes diagnosticados de “Sensibilidad al gluten no celíaca” y publicado en el 2013 NO empeoraron los síntomas al añadir gluten pero sí al realizar una alimentación rica en carbohidratos fermentables.

Otro estudio realizado en Suecia se observó mejoría en los síntomas de pacientes con “colon irritable” tanto al eliminar gluten y carbohidratos fermentables como al seguir una alimentación “sana”.

https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/23648697

http://dx.doi.org/10.1053/j.gastro.2015.07.054

Parece que las personas que inician una alimentación “sin gluten” también cambian hacia otros estilos de vida más saludables y es imposible achacar la mejoría de los síntomas al gluten en exclusividad.

En el libro publicado por Alan Levinovitz “The gluten lie”  explica la dificultad de conectar lo que hemos comido con los síntomas que tenemos y muchas veces es imposible recordar lo que hemos comido, cuando y en qué situación. Habla de la relación entre creencias y cambios de comportamientos.

Por último es importante señalar que no está demostrada la relación de esta intolerancia con el autismo, con el trastorno de déficit de atención e hiperactividad, con la  esclerosis múltiple o con el síndrome de colon irritable.

Si tienes dudas sobre si padeces o no alguna de estas enfermedades no dejes de pedir cita en Endocrinología Canaria y trataremos de ayudarte a resolver tu problema.

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