Cuando hablamos de obesidad, creemos que al elegir nuestros alimentos lo estamos haciendo de forma totalmente consciente. Esto no parece ser cierto. Es más, parte importante de nuestras elecciones, no son conscientes. Esto explicaría la incongruencia entre el número de personas que desean comer sano y perder peso y las que lo consiguen.

Dulces en la caja registradora – un factor riesgo para la obesidad

En una publicación del New England Journal of Medicine las doctoras Cohen y Babey de la universidad de UCLA nos cuentan cómo el escoger un alimento es un hecho mucho más automático de lo que pensamos. Un claro ejemplo de ello es la diferente colocación de los alimentos en los supermercados: las “chucherías” que están al lado de la caja registradora se sabe que corresponde a una estrategia  para “compra de impulso”. Y los productos que se colocan al final de los pasillos (y sobresaliendo) – según el libro de Sorensen – contribuyen en hasta un 30% del total de las ventas.

El libro publicado por Sorensen (Inside the Mind of the Shopper: The Science of Retailing) analiza estos fenómenos y refiere que los vendedores pagan más para que su producto sea colocado en un mejor sitio; la diferencia en ventas puede multiplicarse por cinco

Las personas perdemos la capacidad de controlar lo que miramos

Cuando miramos “algo” mucho tiempo lo compramos. La mayoría de las decisiones de compra se hacen muy rápidas y de forma automática. En el artículo “Conflicto entre la mente y el corazón a la hora del consumo”, cuentan que la compra de alimentos ricos en grasas, sal y azúcar se hace de forma mucho más rápida que la de fruta y verdura. Y demostrado está que una mala alimentación es un importante factor de riesgo de enfermedades crónicas.

Aún siendo plenamente conscientes de estos trucos, perdemos la capacidad de realizar elecciones adecuadas cuando estamos cansados, bajo estrés o “con la mente en otro lado”.

Por todo ello, se plantea que el emplazamiento de los alimentos debe considerarse “factor de riesgo oculto”; como por ejemplo los carcinógenos de algunos alimentos.

Intensificar la investigación en estos hechos de marketing podría ayudar a millones de personas que desesperadamente intentan reducir riesgo de enfermedades crónicas.

Referencias:

http://www.nejm.org/doi/full/10.1056/NEJMp1209443

https://www.amazon.com/Inside-Mind-Shopper-Retailing-paperback/dp/013438590X

http://forum.johnson.cornell.edu/faculty/mthomas/VisceralRegulationofVices.pdf

http://citeseerx.ist.psu.edu/viewdoc/download?doi=10.1.1.464.6548&rep=rep1&type=pdf

 

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